EDUCACIÓN EJECUTIVA


Opiniones de Paula Bianchi

La educación por competencias crece en las aulas universitarias

Es un enfoque que combina teoría, experiencia y actitudes y avanza en todos los niveles educativos. Qué se está haciendo.

Educación - Clarín

No se trata de acumular conocimientos como en una biblioteca, ni de “hacer” mecánicamente, como en una cadena de montaje. La discusión actual en todos los niveles educativos, pero que ahora avanza en las universidades argentinas, es cómo vincular teoría, experiencias y actitudes en función de los perfiles profesionales de las distintas disciplinas.

Este debate tuvo un capítulo inicial en Estados Unidos en los años 70. “Existía entonces un discurso que asociaba competencias  competenciesen inglés con las cosas que se hacen con las manos”, cuenta Desiree Pointer Mace, decana de la Escuela de Educación de Alverno College Milwaukee, que estuvo esta semana en Buenos Aires, invitada por el Departamento de Educación de la UCA, donde se está trabajando en este modelo.

Por eso, también se utiliza el término abilities , que, dice la experta, debe traducirse por “aptitudes”, definidas como la combinación de “las cosas que sé, las que sé hacer y lo que puedo demostrar de ese saber hacer”, describe Pointer Mace, experta en formación docente y en el enfoque basado en aptitudes.

En Alverno College, hace ya 45 años, identificaron un marco de aptitudes necesarias para que el profesional esté “bien preparado”. Primero consultaron a los profesores por qué se estudiaba su disciplina y qué cosas podían hacerse con ella. Luego, conversaron con instituciones y empresas para saber qué necesitaban de los profesionales que la universidad formaba para trabajar en esos contextos.

Así, llegaron a una lista de ocho aptitudes que debían incluirse en la preparación de todos los profesionales de esa universidad: comunicación, análisis, resolución de problemas, ciudadanía efectiva, perspectiva global, valoración en la toma de decisiones, compromiso estético e interacción social. Además, también identificaron aptitudes específicas de cada campo disciplinar.

A partir de este marco, la institución cambió su forma de enseñar para superar el enciclopedismo clásico y reordenar todas sus acciones en función del perfil humanista y profesional que buscaban para sus graduados.

En la Argentina, en el ámbito de la educación superior, la concepción de los saberes cambió con el siglo: “Antes era el contenido teórico. Ahora, la competencia sería sinónimo de conocimiento”, dice Susana Oszak, especialista en didáctica y profesora titular en la Universidad CAECE. Una competencia es una capacidad que tiene el sujeto “puesta en acción en un contexto determinado”, define.

Además del saber teórico y el saber hacer, la especialista agrega otros niveles: el saber cognitivo, que da cuenta de la capacidad de pensar, comprender, relacionar, y el saber social, que implica “relacionarse con el otro, escuchar, conducir, gestionar, liderar”.

Por otra parte, “el concepto de competencia es holístico”, dice Norberto Lerendegui, decano de la Escuela de Ingeniería y Tecnología del ITBA. “Es el conjunto de capacidad de conocimiento, habilidades, destrezas, actitudes y valores que le permiten al individuo llevar adelante su profesión”.

En 2007, el Consejo Federal de Decanos de Ingeniería CONFEDI tipificó las competencias de ingeniería en tres conjuntos: básicas, transversales y específicas. “El docente tiene que estar capacitado para este enfoque porque tiene que planificar cuáles de estas competencias le compete desarrollar en su materia”, indica Jorge Ratto, secretario académico del ITBA. “Si voy a dar matemática, la competencia lectora la voy a desarrollar haciendo que los estudiantes lean papers ”, ejemplifica.

Por otra parte, desde su punto de vista, una de las dificultades se presenta a la hora de evaluar los logros obtenidos: “Se avanzó en la educación por competencias pero no en los indicadores de logro”, apunta el académico.

La adopción de este enfoque implica modificaciones en la metodología de trabajo en las aulas: “Según las actividades que genere, el docente universitario va a promover competencias adecuadas que permitan el desarrollo de esas capacidades necesarias para el ejercicio de la profesión”, dice Oszak. Y siempre se trata de un desarrollo en el hacer, “porque si el sujeto no pasa por la experiencia, no desarrolla competencias”, agrega.

Para Paula Bianchi, directora de Gestión del Conocimiento del Centro de Educación de UdeSA, “el valor de las competencias radica en que deberían ser referencias a habilidades y a valores y actitudes que son necesarios para resolver determinados problemas propios de un contexto específico de gestión”.

Para eso, señala, es necesario que la educación ejecutiva reconozca y recupere “los contextos de aplicación que dieron origen al conjunto de competencias que son requeridas en determinada organización o industria”, agrega.

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