EDUCACIÓN EJECUTIVA


Gabriel Aramouni

El Papa Francisco, un liderazgo basado en la humildad

La simpleza, serenidad y optimismo del líder de la Iglesia Católica es tomado de referencia en escuelas de negocios de todo el mundo. Consejos para llevar a la práctica en la oficina.

Management - Multitasker

Calificado como “El CEO del año” por Forbes, distinguido por Time como la persona más influyente del mundo y rescatado por Rolling Stones como el líder de los nuevos tiempos, el Papa Francisco se apresta a convertir en la personalidad más admirada de la década. Y no sólo porque su carisma y gestos sencillos conmueven, sino porque se ha transformado en un ejemplo de liderazgo que admiran y siguen presidentes, CEOs de empresas y hasta embajadores de otras religiones. En las universidades, el Papa es cada vez más citado en libros y artículos académicos sobre gestión y liderazgo. ¿Cuáles son las razones? ¿De dónde surge su modelo de conducción?

Las características del Papa Francisco como líder están basadas en el carisma, la cercanía con el otro –no importa qué tan poderoso o adinerado sea-, e ideas sencillas pero claras y entendibles para todos, que apelan al sentido común y, lo más importante, a la acción. Todos consejos que ahora recomiendan ser replicados por cualquier líder en el seno de una empresa.

Un concepto parece repetirse en los gestos del Sumo Pontífice. En primer lugar, la concepción según la cual “el poder es servicio”. Luego, ligado a esto, que el liderazgo siempre debe ser activo, no de palabra sino de acción. No se trata de una innovación personal del Papa, sino de una lógica heredada desde la Orden de la Compañía de Jesús, a la que pertenece. La “sustancia” del liderazgo de los jesuitas se basa en cuatro valores: el conocimiento de sí mismo, ingenio, amor y heroísmo.

Así lo describe Chris Lowney, un exsacerdote de la orden de los Jesuitas, a quien el tiempo lo colocó como un ejecutivo del banco norteamericano JP Morgan. Antes que el cardenal Jorge Bergoglio se transformara en el Papa Francisco, Lowney escribió el libro “El liderazgo al estilo de los jesuitas”, en donde parecen describirse casi como un reflejo las acciones del líder de la Iglesia.

Prudencia y testimonio

“El liderazgo particular del Papa Francisco se asienta en una conjunción de factores clave bien definidos: la sencillez, la simplicidad, la sinceridad, la seriedad y trayectoria, la credibilidad, la prudencia y el testimonio personal. Estos son valores muy apreciados, que generan impacto positivo y es lo que la gente desea percibir de sus líderes para que pueda seguirlos, para generar esa corriente de confianza recíproca que es la que en definitiva permite impulsar los cambios que las empresas y la sociedad toda requieren”, explicaba en un artículo sobre el tema Gabriel Aramouni, director del Centro de Educación Empresaria de la Universidad de San Andrés.

Justamente, dice el académico, la combinación de carisma y optimismo, con mensajes bien claros y de sentido común puede servir como lección para los CEOs, ya que se espera de los líderes palabras claras, sentido común, coraje para la acción, firmeza en los principios y caridad para contemplar las diferencias. La humildad como valor es una tendencia emergente también en el mundo corporativo, con la aparición de corrientes que hablan de “una conciencia en los negocios”, en los que la responsabilidad social corporativa y la sustentabilidad surgen como temas emergentes.

Cuatro lecciones

En agosto pasado, un artículo del diario The Wall Street Journal reflexionaba sobre cuatro lecciones de liderazgo de Francisco. Los consejos estaban basados en el libro de Jeffrey Krames titulado “Lead with Humility: 12 Leadership Lessons from Pope Francis” Liderar con el ejemplo: Doce lecciones de liderazgo del Papa Francisco, que se editará antes de fin de año.

“Sea humilde”, reza la primera lección. Según Krames, la humildad debe ser auténtica y se tiene que plasmarse en hechos corrientes. Citar el caso de Meg Whitman, presidenta ejecutiva de Hewlett-Packard, que prefiere tener un despacho similar al del resto de los colaboradores.

El segundo punto es tener “una mente abierta”, pero con una escala de valores: “Primero las personas, y todo lo demás viene después”. En tercer lugar, el autor dice que “no es posible hacerlo todo desde el escritorio”, lo que resulta en una invitación a los líderes a no permanecer inactivos y a dictar las órdenes desde el “altar”.

Por último, el auto destacan como enseñanza la tolerancia al fracaso: “No permita que los fracasos lo depriman”. En palabras de Whitman: “Obsesionarse con heridas del pasado no le ayudará en el futuro. Para ser líder de la magnitud del papa Francisco, uno debe reconocer que algunas veces flaqueará, y que los errores son aceptables siempre y cuando puedan aportar a futuros triunfos”.

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