EDUCACIÓN EJECUTIVA


Opiniones de Hugo Cetrángolo

Turismo rural: cómo América Latina puede sacar más provecho

Chile, Argentina, Colombia, Perú y Costa Rica son algunos de los países de la región donde el turismo rural demuestra un nivel relativo de desarrollo. Sepa más detalles de esta variante turística en algunos países de la región.

Agronegocios - América Economía

En Francia, el tour de Fromage cobra 95 Euros por persona. En España, la Ruta del Vino en las Rías Baixas de Galicia es una opción turística en demanda relativamente estable, al margen de la estación. En Italia, específicamente en la zona del volcán Etna en Sicilia, negocios locales han diseñado una ruta que permite a los turistas participar de la búsqueda y recogida de hongos en la montaña con la guía de un experto. ¿Si pregunta qué tienen en común esas tres actividades? Pues son exponentes del llamado Turismo Rural. 

Europa es quizás la región del planeta que mayor desarrollo de muestra en las iniciativas y la implementación de alternativas de turismo rural. Mientras, las potencialidades de América Latina son innegables. Sin embargo, incluso en los países y regiones que demuestran mayor desarrollo aún queda trabajo por hacer y desarrollo que generar

Argentina en el Cono Sur y Costa Rica en América Central son dos enclaves donde esta variante turística demuestra opciones de interés.

Costa Rica

El turismo rural, o agroturismo como también se le conoce, es definido por Luis Carlos Palazuelos, turistólogo de la Federación Occidental de Municipalidades de Alajuela FEDOMA en Costa Rica, como “la práctica de aprender sobre variantes tradicionales de cultivos, cosechas y procesamiento de productos agropecuarios, forestales y pesqueros, además de combinarlos con las artesanías y culturas locales”.   

En tanto Costa Rica es un país pequeño en extensión, posee ventajas como su naturaleza exuberante, costas en ambos océanos Atlántico y Pacífico, zonas montañosas, valles e interesantes variaciones culturales entre las regiones. En el caso de la oferta del agroturismo, esta se ha desarrollado más en la zona caribe y sur, en las comunidades indígenas y en la zona norte.

Marvin Blanco, especialista en Agroindustria y Agroturismo en el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura IICA, con sede en Costa Rica, advierte que las manifestaciones del Turismo Rural en el país se dividen en tres tipos de oferta, “la desarrollada por grandes fincas, tales como empresarios privados y cooperativas, la generada por familias y pequeños productores y el turismo regional comunitario que llevan a cabo comunidades indígenas y campesinas y grupos asociados especialmente de mujeres”.

Blanco indica que el despegue de esta modalidad turística, tanto a nivel de empresas más grandes como pequeños productores, se vio influido por la crisis agrícola “que obligó a los propietarios a diversificarse hacia el turismo”. Por lo general están asociadas a cámaras de turismo regionales o nacionales. En el caso de la versión comunitaria, por lo general cuenta con el apoyo de ONGs y universidades, sobre todo a nivel de cooperación internacional. 

Cada variante tiene una segmentación marcada de sus públicos. Las ofertas en las grandes fincas suelen dirigirse más a turismo extranjero, o un turismo doméstico de clase media alta. En cuanto al segundo, los pequeños propietarios se conectan sobre todo con grupos costarricenses de interés educativo, las alianzas se establecen sobre todo para generar visitas de grupos de escuelas. Mientras, el público meta de la tercera opción son extranjeros participantes de grupos de voluntarios y académicos, especialmente de universidades norteamericanas. 

En cualquiera de los casos, Palazuelos destaca que se trata solamente de una alternativa, “en tanto es un tipo de turismo estacional, no puede ser el negocio principal de las fincas, sino más bien complementa la actividad central”.

Argentina

El vasto territorio argentino en sí mismo permite el desarrollo de múltiples variantes agropecuarias. Desde el cultivo de viñedos y la producción de vinos, hasta el renombre del país por la calidad de su ganado, pueden ser atractivos para turistas. Así en la región de las pampas ha existido desde hace años un turismo de estancias, en Cuyo se explota la cultura del vino, y en la Patagonia se encuentran los grandes lagos, bosques, y con estos viene la actividad de la pesca. 

Hugo Centrágolo, director académico de la Unidad de Agronegocios e Industria Alimenticia en el centro de Educación Empresaria de la argentina Udesa, explica que en Argentina se ha avanzado bastante en cuanto al desarrollo del turismo rural, en comparación con otras regiones latinoamericanas, aunque sin alcanzar los niveles europeos. “Pero sí existen en el país muchas personas capacitadas en la organización de este turismo, no sólo entre productores sino entre organismos oficiales de distintas provincias”. 

En el llamado Delta Entrerriano, llamado así por encontrarse entre los ríos Paraná y Uruguay, se ha desarrollado un proyecto inmobiliario-productivo como parte del macro proyecto Alto Delta Alto Pecán, bajo la supervisión de la compañía FARO Capital SA. En la zona, FARO opera una de las plantaciones mayores de nuez pecán en el hemisferio sur. Generar acciones que sustenten un turismo rural es parte de los planes de desarrollo.   

Martín Ubierna, presidente y fundador de FARO, indica que la apuesta por ofrecer alternativas de agroturismo se sustentan en un entorno rico ecológicamente, el crecimiento de la actividad de la pesca deportiva, y el acceso a un terrenos forestales. “La instalación de Puerto Alto Delta tendrá varias etapas de inversión con el complemento y la oferta de una guardería náutica, club náutico, una estación de venta de combustible de uso dual para vehículos y embarcaciones, un astillero, servicios de hostelería, y hoteles, todo lo cual contribuirá al desarrollo social, económico y ambiental de la zona”. 

Según Ubierna, el principal público que visita las instalaciones llega de EE.UU. y de México, aunque también se mantiene una importante representación de viajeros de Europa, y últimamente cada vez más de China.   

Desafíos y potencialidades

De acuerdo a Centrágolo, el principal desafío se centra en la posibilidad de lograr la sustentabilidad del negocio. “A excepción de establecimientos emblemáticos, es difícil alcanzar altos porcentajes de arribos y vacantes ocupadas, lo cual se trata de compensar con altos precios, que a su vez influye en la demanda”. 

Otro punto débil que el profesor de Udesa ve en varias manifestaciones del turismo rural se relaciona con su identidad y función, “el agroturismo ha quedado como una actividad intermedia entre lo agropecuario y lo turístico. Entonces está llamado a desarrollar su propio espacio”. 

Refiriéndose a Costa Rica, Branco argumenta que todavía la oferta de turismo rural no es un concepto “bien posicionado. No hay estadísticas del sector sobre número de establecimientos, visitas o ingresos, lo cual dificulta realizar una evaluación de su desempeño e impacto sobre las familias emprendedoras y las economías de las comunidades receptoras”. 

Por otra parte, sí existe la ley de Fomento al Turismo Rural Comunitario, que ha declarado de interés público esa modalidad turística y permite a las instituciones estatales participar en el apoyo y sostén de las mismas. Además, existe la Cámara Nacional de Turismo Rural Comunitario que agrupa cerca de 70 empresas y asociaciones. 

Para alcanzar un mayor nivel de desarrollo en este sentido y el aumento en la explotación, Blanco insiste en que sería necesario “posicionar la oferta del sector, lograr más apoyo institucional y la cooperación internacional. Hacen falta programas específicos de capacitación, asistencia técnica, financiamiento e investigación”.

Centrágolo se extiende sobre los beneficios de esta alternativa, comentando que fomenta “el incremento de los ingresos del negocio agropecuario, beneficiando de paso otros emprendimientos menores vinculados la práctica agropecuaria, tales como los prestadores de servicios, guías, compañías de transporte y demás”. Así se amplía el acceso a empleo y aumentan los ingresos que se distribuyen entre mucha gente dentro del entorno rural. Paralelamente, este tipo de rutas u ofertas traen consigo el efecto colateral de aumentar la comprensión sobre temas de medio ambiente y la necesidad de su protección.

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